El gran juicio a las redes sociales


Comenzó en Estados Unidos un proceso histórico contra las grandes plataformas: se las acusa de ser adictivas y de profundizar una crisis de salud mental que afecta sobre todo a los jóvenes. Tecnología y sociedad en la nota de la semana de Revista Acción.

Por Esteban Magnani

En estas semanas se iniciaron numerosos juicios contra las redes sociales por estar creando una crisis de salud mental en la sociedad, en particular entre jóvenes, niños, niñas y adolescentes. La presencia de Mark Zuckerberg, fundador de Meta, ante un juez de California, generó revuelo por la envergadura del personaje, el primero de varios que deberán responder ante la Justicia y explicar si efectivamente los algoritmos de sus redes sociales generan adicción, si afectan la salud mental y si ellos lo sabían.

​​​​​​​El juicio en particular por el que convocaron al dueño de Meta, corporación que contiene a Instagram y Facebook, fue iniciado por una joven de 20 años conocida como K.G.M. para preservar su verdadera identidad. El caso fue elegido como testigo de entre más de mil demandas. K.G.M. asegura que las redes sociales mencionadas, pero también Snapchat, TikTok y YouTube, le produjeron dismorfia corporal, ansiedad y depresión por estar diseñadas para mantenerla frente a la pantalla con contenidos que la afectaban mentalmente.

​​​​​​​TikTok y Snapchat ya aceptaron un acuerdo extrajudicial, algo que indica que no tenían muchas expectativas de salir indemnes del juicio o que prefirieron ahorrarse la mala publicidad. YouTube, por su parte, niega ser una red social. El que sí quedó bajo las luces fue Zuckerberg, dispuesto a dar la pelea con el argumento de que sus productos no son adictivos, sino que los eligen por ofrecer una muy buena experiencia a los usuarios.

​​​​​​​Las demandas acumuladas, llevadas adelante por usuarios, estados y escuelas, plantean algo parecido a lo que se vivió en los 90, cuando la industria del tabaco negaba la adicción al cigarrillo y su relación con el cáncer. Finalmente debió negociar, pagar una suma multimillonaria, dejar de hacer publicidad y poner fotos y mensajes de advertencia en los envoltorios. En caso de que los abogados logren demostrar que existe una relación de causalidad entre el uso de las redes y la crisis de salud mental en los jóvenes, particularmente vulnerables frente a los contenidos que les seleccionan los algoritmos, se puede producir una cascada de demandas que provoquen un cambio radical en una industria tremendamente rentable.

​​​​​​​Caso testigo

No es la primera vez que Zuckerberg enfrenta a los jueces. En 2024, por ejemplo, durante una audiencia en el Senado debió dirigirse a padres cuyos hijos habían perdido la vida en hechos vinculados a las redes sociales: «Lamento todo por lo que han pasado», les dijo. En su aparición más reciente en California estaba, por ejemplo, Lori Schott, cuya hija se suicidó a los 18 años luego de ver videos que promovían las automutilaciones.

​​​​​​​En 2021, Frances Haugen abandonó su trabajo en Facebook. Al irse se llevó miles de documentos internos; entre ellos había varios que dejaban claro el conocimiento de la empresa sobre los efectos de los algoritmos de Instagram sobre la salud mental de niñas y adolescentes, sobre todo mujeres, que eran expuestas constantemente a ideales de belleza inalcanzables y, para peor, exacerbados por filtros. Un estudio interno de 2018 resumía: «Empeoramos el problema de imagen corporal en una de cada tres adolescentes».

​​​​​​​Esta documentación, y otra que se está dando a conocer, ratifica que las empresas saben de los efectos colaterales de su modelo de negocios mejor que nadie. Sin embargo, promover que los jóvenes dejen el celular o asistan a reuniones fuera del mundo virtual reduce el tiempo frente a la pantalla y, por lo tanto, la cantidad de publicidad que pueden ubicar y cobrar. Es decir que esos efectos secundarios solo se pueden detener o limitar afectando a las ganancias, algo que ningún ejecutivo se atreve a hacer para no ser despedido.

Causalidad

El gran desafío de los abogados en los juicios actuales es demostrar que hay una relación de causalidad entre el uso de redes y los problemas de salud mental de las generaciones más jóvenes. Según el psicólogo social Jonathan Haidt, autor del exitoso e influyente libro La generación ansiosa, el aumento de autolesiones en preadolescentes y adolescentes mujeres y los suicidios de adolescentes varones se dispararon en todo el mundo a partir de 2010 a niveles sin antecedentes, incluso durante crisis económicas o guerras. Según argumenta, esto se debe a la combinación de celulares con cámaras frontales y algoritmos adictivos que invitan al aislamiento y llevan a visiones distorsionadas de uno mismo.

​​​​​​​Sin embargo, plantear que alcanza con una tecnología para producir un daño psicológico no es sencillo, ya que se trata de un fenómeno multicausal. De hecho, si bien las estadísticas crecen, no todos los jóvenes sufren trastornos o al menos no los manifiestan con síntomas tan graves. El término mismo de «adictividad» entrará en juego en estos juicios y seguramente será forzado a un nivel de precisión muy difícil de alcanzar.

​​​​​​​Parte de la batalla se dará en el ámbito científico, pero también en el social: generar ruido permitirá, finalmente, llegar a un consenso que empuje a los Gobiernos a tomar medidas restrictivas como las de Australia, a las que prometen sumarse otros países. Por su parte, las empresas dicen que, si se las regula, los competidores chinos no solo los superarán en el ámbito de las redes sociales, sino que ellas tendrán menos ganancias para utilizar en otros emprendimientos tecnológicos, como el desarrollo de IA Generativa.

​​​​​​​El tema seguirá dando vueltas en los próximos meses. Habrá que ver si se repite el «momento del tabaco» que ocurrió en los 90 o continúa el «siga siga».