El «regreso» de Soda Stereo con un avatar digital de Gustavo Cerati agotó diez fechas en el país y activó una gira latinoamericana. ¿Qué pasa cuando la industria del entretenimiento juega con la fantasía de la eternidad? Rock, tecnología y mercado en la nota de la semana de Revista Acción.

Por Mariano del Mazo
El primer episodio de la segunda temporada de Black Mirror se llama «Be Right Back» y se tradujo al español como «Vuelvo pronto». Cuenta la historia de una chica, Martha, cuyo novio muere en un accidente automovilístico. La embarga una tristeza abismal, pero la tecnología le da un consuelo inesperado. A través de todos los mensajes de audio y los posteos del novio, una empresa de Inteligencia Artificial le ofrece un servicio gracias al cual puede comunicarse con él, dialogar, incluso contarle que los días posteriores al accidente descubrió que estaba embarazada. Es solo el comienzo, la historia avanza hacia una situación que hace un tiempo nos parecía absurda y distópica. Ya no. El infernal desarrollo de la IA le rebanó hace rato a Black Mirror su categoría de ciencia ficción. Sí, el futuro llegó hace rato.
Hace décadas que la industria del entretenimiento juega con la fantasía de la eternidad. Lejanos quedaron éxitos como el de Natalia Cole cantando a dúo «Unforgettable» en 1991 con su padre, Nat King Cole, fallecido en 1965. Hoy el atajo para esquivar la ausencia o la imposibilidad tiene varios rostros: el holograma, el trabajo sobre registros audiovisuales, la experiencia inmersiva. ¿Se puede escuchar una «nueva canción» de Los Beatles? ¿Se puede visitar el Museo del Prado tomando el colectivo 152 y bajando en Plaza Italia? ¿Se puede ir a ver a Soda Stereo en 2026?
La respuesta es, de alguna manera, ideológica. Lo que resulta objetivamente llamativo es el furor que provocan cada una de estas movidas. Ocurre en todo el mundo, con artistas que van de Tupac Shakur y Whitney Houston a Michael Jackson. Lo de Soda Stereo es especialmente sorprendente por la voracidad con que se vendieron las entradas. Sobre el final del 2025 se anunció que volvía la banda. El espectáculo se titula «Soda Stereo Ecos» y, pocas horas después de su apertura, la boletería virtual se saturó de tanta demanda. En la Argentina se agotaron 10 Movistar Arena y el diseño de una gira mundial se fue ensanchando. Hasta ahora el «eco» de Soda pasará por Chile, México, Uruguay, Ecuador, Perú, Colombia y España.
Fantasías animadas
La fantasía tiene diferentes grados de intensidad. En el rock argentino, el Indio Solari siempre ha sido una presencia inquietante. En la última década, su salud diezmada hizo espaciar cualquier tipo de aparición pública. En 2020, su figura irrumpió sorpresivamente durante un show de su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en el estadio Malvinas Argentinas. El holograma cantó dos temas y la gente enloqueció. La arenga del público sobre los Redondos, que en una época tenía un relieve esperanzado («¡Solo te pido que se vuelvan a juntar!»), empezó a tener otro sentido. ¿Y si en el marco de un show de La Kermese Redonda, la banda del ex-Redonditos que toca con tremendo éxito, aparecen dos hologramas, el del Indio y el de Skay?
Tecnológicamente todo es posible. Los límites son, en todo caso, éticos. Es un tiempo en el que nadie se quiere perder nada. La excusa empresarial de este tipo de «regreso» es un tanto perversa. «Lo hacemos para una generación que no pudo ver a Soda Stereo en vivo», dicen respecto a la gira que arranca el 21 de marzo. Sometido a la «máquina de la honestidad brutal», podría ser traducido como: «Exprimiremos hasta la última gota del jugo del recuerdo». El capitalismo salvaje es como la humedad, se expresa en todos lados. En la industria del entretenimiento lo hace apelando al deseo y a la emoción. «Soda Stereo Ecos» alude a una canción de Soda, «Ecos», del disco Nada personal (1985). La letra lo dice todo: «Ecos, los mismos instantes/ Ecos, cubriendo mi soledad/ Estoy moviéndome con mis propios latidos/ Llenando vacíos/ todo es tan igual, tan previsible, tan frío/ Ecos, formas que se repiten/ Ecos, saturan mis sueños». Cerati fue sensible y profético, tal vez a su pesar: llenar vacíos, cubrir soledades, formas que se repiten, sueños saturados. Nada personal, pero, observado en perspectiva, podría tratarse simplemente de los primeros gateos de una historia de proyección inimaginable
